En la época prehispánica, el cacao era considerado una de las principales riquezas de la cultura mexicana, representaba “oro molido” y su valor trascendía al de un alimento.
Hoy en día, México ni siquiera figura en la lista de los principales productores.
El primer problema para convertir al país en una potencia productora recae en la diferenciación de un producto que a primera vista parece homogéneo. El obtener chocolate fino (Criollo) es difícil por ser delicado y frágil ante enfermedades e insectos. Por ello, el 80 por ciento de la producción total mundial es Forastero, un tipo más resistente, pero de menor calidad, que se utiliza para el chocolate corriente.
Otra barrera es la falta de infraestructura adecuada y que los árboles mexicanos son viejos y propensos a ser atacados por plagas y ardillas que se comen el producto.
El acceso a mercados también es un problema, pues los intermediarios que comercializan el producto, los famosos “coyotes”, muchas veces tienen mayor poder de negociación, obligando a los productores a aceptar un pago muy bajo por su producto. Las organizaciones de campesinos argumentan que si el productor tuviera la oportunidad de vender directamente en los mercados, sus ganancias aumentarían y con ello, la inversión en el sector.
Sin embargo, no solo se trata de arrojar dinero al problema. La coordinación para llevar a cabo este tipo de inversiones es un problema importante. Por ello, argumentan los productores, se necesita un apoyo gubernamental generalizado a toda la región.
Otra área de oportunidad, sin lugar a dudas, es la exportación. El consumo de cacao mexicano prácticamente se lleva a cabo dentro del mismo país, por lo que desarrollar la capacidad exportadora podría generar mayor rentabilidad en la industria.
Para competir con productores como Ghana, el principal exportador de cacao, se necesita hacerlo en términos de calidad ya que difícilmente México se podría comer el mercado internacional compitiendo en precios.
La estrategia evidente sería desarrollar el tipo de mayor calidad de cacao, el Criollo. Aquí la industria se topa con otro problema de coordinación. Si las haciendas productoras de cacao enfocan su producción al tipo de mejor calidad de este producto, al mismo tiempo, la industria de México podrá atraer inversionistas extranjeros. El problema es que las productoras tendrían que invertir al mismo tiempo, y si no hay certidumbre sobre sus ventas, difícilmente lo harían.
Los productores argumentan que con un empujón estatal, México sería una potencia en el mundo del cacao.
Sin embargo, hay quienes opinan que no se tienen las condiciones geográficas necesarias para poder fortalecer la industria. Según expertos, la extensión de la zona que se debería delimitar para campos productores de cacao es difícil de replicar en México.
Economía de escala
A diferencia de Ghana o Costa de Marfil, países donde grandes empresas transnacionales se coordinaron para invertir en una región común, en México, esas economías de escala parecen difíciles de lograr.
Quizá por estas razones es que son pocos los países que se pueden dar el lujo de ser productores de cacao. Prueba de esto es que en el mundo, tan solo cinco países producen el 79 por ciento del consumo mundial de cacao.
Sin duda, la industria del cacao representa un símbolo para el mexicano, pero no por eso deberían invertirse cuantiosos fondos por parte del gobierno. Antes de pensar en una coordinación para mejorar la infraestructura de la región, se debe tener la precaución de que la industria pueda ser sostenible.
¿Será capaz de resurgir la leyenda del cacao para convertirse en una industria exitosa?
via @Reporte_Indigo